Aunque voy un poco tarde, prometí a una buena amiga bloguera que haría esta entrada, y como lo prometido es deuda... allá voy.
Cuando se acaba el año, es inevitable pararse aunque solo sea un momento y hacer balance. En mi caso va a ser rapidito, como el que se quita de golpe una tirita para no sufrir dolor.
Este año para mi iba a ser el de superarlo todo. Dejar atrás los malos momentos, sentirme cómoda con mi nueva vida y aprender a tener confianza en el futuro.
Y fue así durante los primeros meses, pero he de reconocer que no supe apreciar las pequeñas cosas y agarrarme a ellas para intentar ser feliz... o quizás no pude, no lo sé.
Y llegó la hecatombe. Y volvieron los malos ratos. Y la soledad, más terrible que nunca.
Pero todo pasa y todo sigue... como dice el cantar. Y no se trata de olvidar, porque también ha tenido cosas buenas este año, mentiría si dijera lo contrario. Pero sí de pasar página. Porque al final, parece que pesa más todo lo malo y no nos fijamos en el otro lado de la balanza.
Y aquí estamos, deseando que acabe el año para poder empezar uno nuevo, con nuevos propósitos. Todo nuevo a estrenar.
El primero de ellos: no quejarme más. Aprender a vivir la vida que me ha tocado y mirar hacia adelante en vez de hacia atrás.
Aprender también a ver las pequeñas cosas y no dejarme abrumar por las otras, las que veo grandes pero que en realidad, si miras bien, no son tan enormes y en cuanto te alejas un poco se hacen cada vez más chiquititas.
Y aprender a disfrutar de lo que tengo, que no es poco: mi hija, mi familia, mis amigos de antes, mis amigos de ahora... y por supuesto todas vosotras, algunas ya como de la familia.
Y seguir con las costuritas, claro. Que no falten!!
Y sobre todo daros las gracias por estar siempre al otro lado. Conmigo. Aunque yo no haya estado...
Esta noche la última campanada marcará el final de 2015.
Y el 2016 se hará presente.
Preparados?...
Listos?....
...YA !!!

















































